

Y me cubrieron la boca de flores, teniéndome que acostumbrar a dormir entre muros sin sueños…
Mientras me llevaban sonreían las hojas de los senderos terrosos...
Todo era lamento y ansias por disfrutar del entierro.
Acostumbrándome al recuerdo y a acurrucarme en el cemento, me fui desvalido caminando entre los pétalos y los cerezos.
Comenzó mi escapatoria mientras me miraban frente al féretro y yo rodaba y rodaba entre las nubes de asbesto.
Veía que estaban hincados repitiendo algo, entre labios, que simulaba un rezo y hasta lágrimas resbalaban por algunos entre los dientes abiertos.
Entrecruzan sus manos como pidiendo que vuelva; y yo abro las mías para que nada impida mi vuelo.
Cada vez más emerjo y cada vez más profundo es el descenso de aquel cofre delicado sellado por cada ángulo y cada borde.
Me vistieron de ilusión y me sembraron en una colcha de alpaca.
Cubrieron mi cuerpo de selva, rosas y flores frescas, y sentí alientos de miles de seres que no veía desde mi lecho...
Solo me dediqué a reposar esperando que mi vuelo no se ancle jamás en un sueño perpetuo.
Sofiân Hamuch F.