
MUERTE
Grito y no me encuentro, trato de buscarme entre los helechos muertos.
La pena me embarga el corazón abierto,
masacrado por las aves que escudan en su vuelo, el agredir cansancios de temores ajenos.
Grito y no me encuentro, trato de buscarme entre los helechos muertos.
La pena me embarga el corazón abierto,
masacrado por las aves que escudan en su vuelo, el agredir cansancios de temores ajenos.
Miedo a no oírme en mi centro,
pánico tal vez a amanecer muerto.
pánico tal vez a amanecer muerto.
Para combatir la angustia decido morir sonriendo, pero la sonrisa se me baja porque no tiene sustento.
Obituario de paralelos semblantes de seres que sufren y lloran.
El obituario de algas pegadas en el fondo del océano, pasa la lista de los rehenes de aquel secuestro comandado por el tiempo,
que día a día me ensordece y me decae.
Ya el campamento entre las rocas de tierra terminó,
ya estamos llegando al fin de la ilusión,
donde nos damos cuenta que la esperanza era una estrella ficticia y que por rebote le llegaba luz de algún astro maquiavélico y falso.
Aquella que tantas veces nos iluminó erradamente nos reenriela en una vida más serena...opaca, pero serena.
La desesperanza triunfa en el reino de las luces agotadas y poco fuertes,
la calma es monótona y fría,
me entumece la rutina del seguir muriendo,
tal vez algún día deje de morir contento,
tal vez este día pueda hacerlo con olor a entierro.
Morir entre ramas y caballos de olivos frescos,
caballos blancos galopantes y no gusanos en mi lecho.
Morir tranquilo batallando en una cama de cenizas y no tratando de huir respirando el polvo de la tierra infértil.
Hay águilas ahora y las palomas se han desvanecido,
las aves de rapiña me sacan los huesos y la piel me queda intacta, porque es lo que se ve y debo mantenerla,
pero mi esqueleto de humo se vuela entre los dedos de un gigante que solo aletea el aire esparciéndome en el ambiente con olor a púrpuras senescentes.
Adiós al alma rota,
adiós a la lucha infernal por seguir ardiendo entre iglúes de estiércol,
adiós al alma acongojada por la llovizna fúnebre de los terrícolas durmientes,
despídeme de un balazo entre los ojos de gente
y déjame reposar sobre la eterna muerte.
S.H.F
